Ray Sharpe, rockabilly negro fabuloso
Llamado el representante del “rockabilly negro”, Ray Sharpe es nuestro protagonista de hoy dentro del repaso que La Ruta Norteamericana lleva a cabo de las figuras indispensables de las reediciones del sello Hoodoo Records. Al rescate de compositores esenciales de los sonidos que configuraron el mejor R&B y rock’n’roll norteamericanos a mitad del siglo XX, Hoodoo presenta la obra de Sharpe en un disco que hará las delicias del oyente inquieto del mejor rockabilly, r,n,r, blues-rock y country-rock.
Su nombre es Gonna Leti Go This Time, un álbum que recoge las canciones editadas por este músico fantástico en pequeños sellos durante los años comprendidos entre 1958 y 1960, en plena ola de los primeros rockers con Elvis Presley al frente. Sharpe, todavía vivo aunque relegado a un hombre de segunda fila que se mueve por los circuitos de Texas, radia buenas vibraciones en su música original, repleta de punch y raíces sabrosas.
Nacido en Texas, este afroamericano no deja de sonar atípico, más viniendo de la tierra del country. De hecho, su educación musical estuvo marcada por los poderosos sonidos vaqueros tejanos, aunque también supo apreciar el blues sureño que siempre latió en el Estado de la estrella solitaria. De esta forma, la guitarra del maestroAlbert King fue una guía en su vida, mientras que blues y country dieron forma a su perspectiva musical que luego se enriqueció en actitud y ritmo con el nacimiento del rock’n’roll, que le pilló en el instituto. A mediados de los cincuenta, se dedicó a la música, formando bandas, y con la vista puesta en lo que hacían Presley y Berry. Forjó su nombre tocando en clubes de Fort Worth hasta que empezó a grabar sus canciones y contó el apadrinamiento del productor y guitarrista Lee Hazlewood.
Como si la mitad de su cuerpo perteneciese a Sun Records y la otra mitad a Chess Records, Sharpe es una extrañeza fabulosa que refleja un espíritu tejano y negro al mismo tiempo. Difícil de concebir pero estupendo de escuchar. Es un tipo que engrandece cualquier discoteca y cuyas canciones se atan al mejor legado musical de Estados Unidos, como <>, grabada posteriormente por The Rolling Stones,Tom Jones o Flying Burrito Brothers.
Andre Williams ,un rey del ritmo sin corona
Volvemos a tomar el contacto con los sonidos genuinos norteamericanos que tan laboriosamente se dedica a recuperar el sello Hoodoo Records. Como viene siendo habitual, La Ruta Norteamericana apuesta desde hace tiempo por las diversas y deliciosas reediciones de este sello por traer a nuestros días en formato compacto los elepés de artistas no muy conocidos pero esenciales para explicarse la evolución del rock’n’roll primigenio y R&B a partir de los cincuenta. Hoy, nuestro protagonista esAndre Williams, un peso pesado de escaso reconocimiento.
Ciertamente, hay algo en este músico de Alabama que suena al másLittle Richard de su primeros años. Si uno escucha Is It True?, esa asociación es inmediata. Porque es algo primitivo y salvaje. A Williams ese sentido del ritmo, tan fiero, le sirvió para abrirse paso en los primeros cincuenta en la escena del R&B de Detroit y luego pasar a Chicago. Canciones tan apabullantes como (Georgia may is) movin’ o (Mmmmm... Andre Williams is) movin’ se ganó el apodo del Rey del Ritmo. No eran palabras vacías pues sus piezas contenían una fuerza portentosa en esa búsqueda sonora de raíz del rock’n’roll y soul. Sonaba a flor de piel.
Pero en Williams había mucho más que un paso previo al funk o el rap. Había soul a raudales, rock’n’roll, R&B y doo-wop. En su estilo irreverente, en su sensualidad y su voz rasposa había una forma salvaje de entender el sur viajando al norte. Sonaba como si fuera las percusiones de África engrasadas con aceite y petróleo americanos. Todavía vivo, y activo desde hace décadas, Williams no ha perdido sus modos provocadores, acercándose al punk y al rock duro. Pero esta ruta se queda hoy con sus años de gloria en la era del rock’n’roll. Sencillamente, porque canciones como animan un viernes de diciembre que da gusto.
Louis Jordan, la exuberancia del
R&B
Antes de la llegada de Elvis Presley, el rock’n’roll tuvo
magníficos pioneros del R&B. Uno de esos padrinos del primer rock fue Louis Jordan, que marcó con su ritmo
abundante en metales todo un cancionero exuberante. Este músico no es uno más
para una discoteca, al contrario, es uno de esos imprescindibles, maravillosos
emprendedores para el desarrollo de la empresa del rock.
En las grabaciones del disco se encuentra con su banda de acompañamiento
más veterana losTympany Five, que eran un torrente de swing. Todos
venían del jazz pero se aclimataron al R&B con tanta destreza y soltura
que da gusto escuchar sus canciones infectadas de ritmo. Uno se pincha “Big
bess”, con ese comienzo en palmas, para entrar el saxo, las teclas y esa aguda
voz negra de Jordan y se inunda de rock. Rock primitivo y fabuloso.
Fantástico intérprete, sobre un escenario era capaz de entretener
a audiencias como nadie, Jordan se erige por sí solo como uno de los pilares
esenciales del rock norteamericano, a pesar de que su obra no ha tenido apenas
repercusión, ha quedado relegada a un segundo lugar. Experto en el saxofón, el
músico también tenía muy buena habilidad para el piano y el clarinete.
Participó en varias películas y fueron importantes sus duetos con Louis Armstrong, Ella
Fitzgerald o Bing Crosby.
Del jazz más alocado al R&B para dar con rock’n’roll
negro, prehistórico.Louis Jordan & The Tympany Five son parada
obligada para los oídos que aman los sonidos raíces del rock estadounidense.
Maravilloso viaje por las esencias a través del amigo Jordan, ese hombre que
levantaba de la silla con una sonrisa espectacular. Lo siguiente a presenciar
demuestra estar al mismo nivelazo del mejor rock'n'roll (por ritmo, letras,
desenfreno...) que los clásicos.
La verdad perdida de Hank Williams
No soy muy amigo de los discos tributo. Son pocas las veces que
consiguen levantarme de la silla. Suelen ser álbumes bienintencionados, hechos
con cariño, pero luego el material que aportan es, en la mayoría de los casos,
meramente anecdótico. Suele ser inferior a las pistas originales del artista a
homenajear, sino es directamente delictivo. Por ejemplo, cada mes llega a mi
buzón la revista Mojo con sus típicos discos tributo a los Beatles, Pink Floyd, Dylan, Jimi
Hendrix... pero, más allá de la curiosidad, más de uno, y de
dos, lo único que consiguen es encabronarme con quien homenajea pese a toda su
buena voluntad. Por suerte, no siempre sucede así y reconozco que actualmente
hay un disco tributo que espero con especial ganas este año. Es de The lost notebooks of
Hank Williams, el álbum que el sello de Bob Dylan, Egyptian Records, ha sacado al mercado.
En The lost notebooks of Hank Williams, participan
13 músicos, entre ellos, el mismo Bob Dylan, Jack White, Merle Haggard, Alan Jackson,
Lucinda Williams, Norah Jones y Rodney Crowell.
Este lujoso plantel de voces interpreta parte de letras
inéditas que Hank Williams dejó a su muerte, en 1953, y que
fueron encontradas en un maletín de cuero que le perteneció. No todas las
canciones del disco son inéditas pero sí un buen puñado, mientras el resto son
versiones de temas que Williams había grabado. El álbum, además, incluye todas
las notas perdidas que dejó el músico de Alabama, así como también un repaso
por su fugaz y nutrida carrera haciendo vanguardia en el country.
El órgano explosivo de Jimmy Smith
Jimmy
Smith es uno de los músicos que centra estos días mis escuchas y lecturas. Su
órgano explosivo acompaña mis tardes y noches. Sabía de él pero nunca había
profundizado en su obra como hasta ahora, a diferencia de lo que había hecho
con otros nombres destacados como Duke Ellington, Miles Davis o John Coltrane.
Y Smith se encuentra entre los grandes.
Heredero de Fats Waller y Count Basie, Smith elevó el órgano eléctrico a la más alta categoría. Hizo del Hammond B-3 una banda en sí misma. Con su mezcla de blues, R&B y gospel, este organista de Filadelfia creó un sonido excitante, que te agarra y revuelve con sus resonancias clásicas y místicas. Siempre pisando los pedales, jugando con ellos. Porque su música orgánica va de los pies a los dedos de las manos. Escuchando su música en Blue Note o Verve, te arrimas a una de las partes gloriosas de la historia del jazz.
Pianista desde joven, bajo las enseñanzas de su padre, Smith abandonó el piano por el órgano Hammond B-3. Y en ese instrumento de madera y pedales halló su inigualable sonido. Solía decir: “Tenía mi sonido. El único sonido de órgano Jimmy Smith”. Aquel sonido venía de un instrumento con largo recorrido en la historia del jazz, pero que Smith recuperó como nadie en la segunda mitad del siglo XX y lo desarrolló con talento. Su órgano puede transportarte a otros planetas.
Heredero de Fats Waller y Count Basie, Smith elevó el órgano eléctrico a la más alta categoría. Hizo del Hammond B-3 una banda en sí misma. Con su mezcla de blues, R&B y gospel, este organista de Filadelfia creó un sonido excitante, que te agarra y revuelve con sus resonancias clásicas y místicas. Siempre pisando los pedales, jugando con ellos. Porque su música orgánica va de los pies a los dedos de las manos. Escuchando su música en Blue Note o Verve, te arrimas a una de las partes gloriosas de la historia del jazz.
Pianista desde joven, bajo las enseñanzas de su padre, Smith abandonó el piano por el órgano Hammond B-3. Y en ese instrumento de madera y pedales halló su inigualable sonido. Solía decir: “Tenía mi sonido. El único sonido de órgano Jimmy Smith”. Aquel sonido venía de un instrumento con largo recorrido en la historia del jazz, pero que Smith recuperó como nadie en la segunda mitad del siglo XX y lo desarrolló con talento. Su órgano puede transportarte a otros planetas.
Un gigante llamado Ray Charles
Me ha dado por pensar que nunca se ha valorado lo suficientemente bien al descomunal músico de Georgia en nuestro país. No es la primera vez que me invade este pensamiento. Creo que el personaje que representaba de pianista ciego y famoso eclipsó al artista para el gran público. Todo el mundo sabía quién era Ray Charles pero pocos se paraban realmente en su obra, en su grandiosa obra.
Era de noche y me encontraba en la redacción de Onda Madrid, poco antes de entrar en los informativos. Saltó el teletipo con la noticia de su muerte. Fui corriendo a decírselo al encargado del informativo por si lo quería incluir como última hora dentro de la pauta. Me miró con cara de pocos amigos. Eso trastocaba su guión a unos minutos de comenzar el programa. Pero me dijo: “Busca una canción y la ponemos al final del informativo, en una breve nota”. Y así fue. Tan breve como una frase tipo: “Muere el pianista de jazz Ray Charles a los 74 años de edad. Charles era ciego y uno de los músicos más famosos y queridos por el público. Triste noticia para el mundo de la música. Con una canción suya nos despedimos”.
Para mí, la triste noticia era ver la suma brevedad de la noticia mientras todos los días en el mismo espacio radiofónico se dedicaban muchos minutos a temas culturales que eran pura propaganda o tan insustanciales como que los niños de no sé qué colegio habían visitado la última exposición del Museo del Prado y daban sus ingeniosas impresiones al respecto. El problema fue que el eco de su fallecimiento, el reconocimiento de su obra en relación con la historia de la música popular, tampoco gozó de apenas espacio en otros medios generalistas. Y creo recordar que sucedió lo mismo en los medios especializados en música. En fin, sentí que nunca se le hizo justicia. Una cosa, por otra parte, corriente en España con tantos músicos y creadores que trascienden más allá de la simple nota de entretenimiento.
Cierto que el R&B vibrante de Charles acababa de ganarme para la eternidad. Estaba con la causa. Por aquel entonces, acababa de comprarme unos recopilatorios de esos típicos de gran almacén, baratos y sin una presentación cuidada. Casi todos eran sobre grandes clásicos del R&B y rock primigenio norteamericanos. Junto a Fats Domino, Little Richard o Buddy Holly, pillé el de Ray Charles. Por tanto, cuando el pianista negro falleció, su música me absorbía en mis nocturnas vueltas a casa. Si bien es cierto que su muerte en aquel informativo se quedó en lo que se quedó, también lo es que antes de irme a casa hablé con los responsables de un programa de cine de la emisora, que grababan su espacio para el fin de semana. Al enterarse de la noticia, decidieron cambiar el programa y dedicarle buena parte de su tiempo a hablar del músico. Aquel año se había estrenado la cinta Ray, una película complaciente con la vida del músico y protagonizada admirablemente bien por Jamie Foxx. La película estaba basada en su autobiografía, Brother Ray, que es buen texto de referencia para con una época de la música negra.
Dee Clark, el R&B sentimental
Nuestro viaje al pasado más glorioso pero menos reconocido de la
música norteamericana nos lleva hoy a detenernos en un especialista del
R&B de vieja escuela. Sentimiento y pasión se conjugan en el sonido
original deDee
Clark, el hombre que tenía una voz de tenor pero moldeada
conscientemente para el rock’n’roll.
Recuperamos a Clark dentro de la serie del gran sello Hoodoo
Records, que rastrea el mejor pasado de la música tradicional estadounidense.
En su reedición, con 16 páginas de información y buenas fotografías, Hoodoo
rescata Dee
Clark y How About That, que recopilan sencillos publicados entre
1956 y 1959.
Clark fue uno de esos grandes embajadores del R&B de los
cincuenta y sesenta. Podía situarse al nivel de Little Richard o Clyde McPhatter,
de The Drifters. Escuchando su flexibilidad estilística, gracias a una voz
juguetona y hábil, Clark se presenta como un camaleón capaz de adaptarse a
todos los estilos de raíces norteamericanos. Rock’n’roll, pop clásico, soul,
jazz vocal, blues urbano… nuestro protagonista se muestra cómodo en todos,
aunque es en los tonos dulces y relajados donde se antoja irrepetible.
Nacido en Arkansas en 1938, Clark se mudó con su familia a Chicago
y es allí, en la ferviente metrópoli del jazz y el R&B, donde entró en
contacto con los sonidos afroamericanos más pletóricos. En su caso, el sonido
de soul urbano, esa deriva del R&B pero con su innegable influencia del
góspel de las iglesias de barrio, le marcó en su carrera profesional. Ese toque
tan instintivo y de raíz tan afroamericana hacen que canciones como Blues
get off my shoulder, How about that, Seven nights o Lucky me, regalen grandes
momentos al oyente.
R.E.M. se separa
La banda
de rock estadounidense R.E.M. ha anunciado su separación después
de 31 años de actividad. "Como amigos de toda la vida y
co-conspiradores, hemos decidido llegar hasta aquí -'called it a day', es la
expresión empleada por el grupo- como banda", ha señalado la mítica banda
liderada por Michael Stipe en un comunicado colgado
en su página web oficial. "Nos alejamos con un gran sentido de gratitud,
de finalidad, y de asombro ante todo lo que hemos logrado. A cualquiera que
alguna vez se sintió tocado por nuestra música, nuestro más profundo
agradecimiento por su atención".
En la nota de despedida, Stipe (voz) y sus dos
compañeros, Mike Mills (bajo) y Peter Buck (guitarra), explican con sus
propias palabras los motivos de la disolución. "Durante nuestra última
gira, mientras grabábamos 'Collapse Into Now' y poníamos nuestros grandes
éxitos en retrospectiva, comenzamos a preguntarnos: '¿Y ahora qué?'",
confiesa Mills. "Trabajar a través de nuestra música y recuerdos de de más
de tres décadas fue un infierno de viaje. Nos dimos cuenta de que estas
canciones parecen dibujar una línea natural a lo largo de los últimos 31 años
de nuestro trabajo conjunto".
Mills
aprovecha para espantar cualquier rumor de falta de entendimiento entre el
trío. "Siempre hemos sido una banda en el verdadero sentido de la palabra,
hermanos que verdaderamente aman y se respetan unos a otros [...] Aquí no
hay falta de armonía, ni peleas, ni abogados tomando posiciones. Hemos tomado
esta decisión en conjunto, de manera amistosa y con los mejores intereses para
cada uno en el corazón".
Por su
parte, Buck destaca que "una de las cosas que siempre ha sido buena de
formar parte de R.E.M. es el hecho de que las grabaciones y las canciones
que escribimos significan tanto para los fans como para nosotros. [...] Ser
parte de vuestras vidas ha sido un regalo increíble. Gracias". Y concluye:
"Mike, Michael, Bill, Bertis y yo nos alejamos como grandes amigos".
Finalmente,
Stipe comenta: "Un hombre sabio dijo una vez: 'La habilidad de
asistir a una fiesta consiste en saber cuándo retirarse. Hemos construido algo
extraordinario juntos...". "Espero", agrega el 'frontman',
"que nuestros fans se den cuenta de que no fue una decisión fácil,
pero todo debe terminar, y queríamos hacerlo bien, a nuestra manera".
En poco
más de tres décadas como formación, R.E.M. ha publicado 15 álbumes,
incluyendo títulos de referencia como 'Murmur', 'Reckoning', 'Out of Time'
y 'Automatic for the People'. El último álbum de la banda,'Collapse
Into Now', apareció en el mercado en marzo de este mismo año.
Había
noticia de que durante el verano la banda había pasado algún tiempo en un
estudio de Atenas, pero no está claro si de estas sesiones va a salir nuevo
material.
Vivir en Caledonia (Van Morrison)
"La
música de Van Morrison es una forma de percepción que ya no se estrella a
ciegas con los significados y las definiciones, sino que cae en poder de los
sentidos y va creciendo hasta que algo se vuelve completamente
indescriptible". WIN WENDERS
Dicen que
cuando Van Morrison compone sus mejores obras es siempre pensando en Caledonia.
El cuerpo en un sitio, la mente en otro mucho más lejos. Su música es el viaje
a esa geografía espiritual intensa, reveladora, más allá de su adorada Irlanda.
Rumbo a otro tiempo, a otro lugar.
Todavía
aturdido, la otra tarde comprendí que estoy viviendo en Caledonia. Me tiré en
el sofá y pinché Astral Weeks. Anochecía y, entonces, sentí la llamada
mística. Rompí todo tipo de cadenas, humanas e imaginarias, mientras el
vozarron de Van Morrison me impulsaba entre cadencias translúcidas hacia
Caledonia, donde el dolor regenera el interior y la belleza amortigua la
tristeza. La escucha de Astral Weeks, que siempre había sido un disco
sobresaliente en mi discoteca, pasó a convertirse en un viaje astral por las
profundidades del alma. Cómo sería de sobresaliente que dudé mucho en incluirlo
entre los tres discos esenciales de mi discografía en la entrevista que
Efe Eme me hizo recientemente dentro de su serie Fotopress . Me
decanté por otros, pero Astral Weeks podía haber sido elegido sin problemas. De
ser hoy la entrevista, lo pondría.
Caledonia
fue el nombre que los antiguos romanos dieron a las tierras de Escocia que
nunca llegaron a conquistar, más allá del muro de Adriano, al norte de
Britania. Un lugar misterioso, sin cartografiar por los prefectos del Imperio.
Con su cielo gris y su espeso verde, se presentaba como una tierra desconocida
por la que planeaba un aura mitológica. Allí, donde el legionario no sabe qué
camino seguir, todo podía suceder.
En la Caledonia de Van
Morrison sucede que ese espíritu ancestral revolotea al ritmo de saxos,
órganos, flautas, violines y guitarras. Las armonías llevan al nirvana. Porque
es un viaje que te saca de tu cuerpo. Un cuerpo que tiembla solo de pensarlo.
El león de Belfast aúlla desolado, luego susurra inquieto y siempre
canta con todo el corazón. Llamalo jazz, llamalo soul, llamalo gospel, llamalo
folk si quieres. Pero es indefinible. Hay quien lo llamó Caledonian soul
music. Una manera como otra cualquiera de señalar lo que no se puede decir con
palabras. La única verdad de este misterio está en dejarse llevar, adentrarse
en ese lugar, en ese espacio. El cuerpo en el sofá, en tu casa, en Madrid,
dónde sea. Y la mente, tu espíritu, todo lo que tú eres y aspiras a ser, en
otra parte, y se llama Caledonia. Entre acordes y fraseos apasionados, vives en
una bruma. No te reconoces pero sí reconoces tus anhelos.
Lejos de la burocracia, de los intereses y los
desengaños, existe Caledonia. Van Morrison hizo su primera incursión a este
espacio espiritual en 1968 con Astral Weeks, tal vez su gran obra maestra.
Un viaje en el tiempo hacia la infancia, los recuerdos y los paisajes que nunca
mueren. Un viaje que no quieres que se acabe. No puedo evitarlo: estoy viviendo
en Caledonia. Tal vez estoy más distraído, apenas noto mis pies en el suelo, no
quiero saber nada de tonterías ni banalidades, pero escucho un murmullo, como
si el agua corriese por los surcos de mi alma. Es real. Puede que sea Van
Morrison con su timbre sobrenatural. Y lo único cierto es que me tocó coger el
camino de Avalon, escondido entre los páramos de Caledonia, y allí quiero ir
siempre que me haga falta.
Al bueno
de Jerry Lee siempre le hemos identificado mas con el infierno que con el
cielo. Su caracter, problemas con drogas, alcohol, la boda con su prima menor
de edad, problemas con las armas.. en fin ya conoceis todos su historia. Pero
es que el cielo ya se lo habia ganado con recitales como este que han editado
por fin en el 2011. Una grabacion de 1970 con un Jerry absolutamente magistral,
con banda, cantando gospel, en plenas facultades. Bromeando entre tema y tema,
declarando su amor por esta musica celestial. Una gozada. Al nivel del mejor
Elvis cuando se ponia con el gospel. Quizas solo fata un coro gospel que le
acompañe, pero el esta increible. De verdad, una gozada.
JOE
BONAMASSA & BETH HART – NUEVO DISCO
A finales
de Septiembre se lanza este disco en conjunto de Joe Bonamassa y Beth
Hart.
Es un
disco donde versionaran clasicos del Soul. Beth tiene una voz increible, os
recomiendo fervientemente su disco "Leave the Lights on", y de Joe ya
sabeis que es un fantastico guitarrista. Asi que no se presenta nada mal, el
tema , habra que estar muy atentos.
Os dejo
un adelanto del disco y el listado de temas.
Don't
Explain
01
Sinner's Prayer
02
Chocolate Jesus
03 Your
Heart Is As Black As Night
04 For My
Friends
05 Don't
Explain
06 I'd
Rather Go Blind
07
Something's Got A Hold On Me
08 I'll
Take Care Of You
09 Well,
Well
10 Ain't
No Way
George Soule
George
Soule es uno mas de los contemporaneos de Dan Penn , Spooner Oldham o
Eddie Hinton. Que trabajo en los Muscle Shoals en su primera epoca,
contribuyendo a una epoca dorada del soul irrepetible. De aspecto
aniñado,con una imagen muy alejada de los soul stars, pero con un
sentimiento increible en su forma de cantar. Tiene otro disco muy
recomendable del 2006 "Take a Ride". Lo increible de este disco
es que son grabaciones de los años 70 en los miticos estudios. Nunca tuvo
la fama, pero sus composiciones fueron grabadas por los mas
grandes. Fuera los prejuicios,dejaros llevar por este pequeño gran
hombre, todo un soulman brother.
Nina Simone, musa y genio
Desde hace unas semanas, está en las tiendas To Be Free: The Nina Simone story(Sony-BMG). Y es una gran noticia. Se trata de la última antología de la musa, que reúne en 51 cortes lo mejor de su cancionero desde que debutó en 1957 hasta su último trabajo en 1993, mezcla grandes clásicos (<
De esto último, se encuentra una versión en vivo del tema de Leonard Cohen, <
Para este escribiente, Nina Simone representa el arte en estado puro. Más de una lágrima se me ha escapado cuando esta mujer abre su alma al resto del mundo con su música. Simone siempre hablaba de arte, nunca de entretenimiento.
Gregg Allman
Ahora que
ando liado con el fantastico Low Country Blues - uno de los mejores discos del
año desde ya, no solo por lo que se oye, sino tambien por lo que se siente - he
recuperado el fantastico Searchin for Simplicity, donde tambien hacia un repaso
a temas blues ( de Allman, Dan Penn, John Hiatt, o clasicos varios ). A pesar
de ser un disco hijo de su epoca, la produccion aguanta bastante bien y se
disfruta enormemente. Sobre todo este temazo que es Dark End of the Street,
donde Gregg se deja el alma cantando como un Soul Man.
John Legend & The Roots
Para mi
el disco de John Legend &The Roots - Wake Up -fue de lo mejor del año
pasado, aunque fuera un disco ideado para la campaña de Barak Obama y ya
tuviera unos añitos, y aunque repasara temas ilustres de la musica soul, lo
hacia desde un punto de vista más moderno y vital. La instrumentacion era
soberbia, y Legend cantaba como nunca ( de hecho no me gustan sus discos en
solitario ). Y ahora nos llega este Live from Soho, solo puedo decir que me
gusta incluso mas que el disco, los temas son mas crudos y directos, alargados
pero no se hacen nada pesados. ( solo me sigue sobrando el rapeo sobre algunos
temas que hacen los The Roots ).
Celebrando los 70 años de Bob Dylan
El 24 de
mayo de 1941 nació en Duluth, Minnesota, Robert Allen Zimmerman, más conocido
como Bob
Dylan. Desde entonces, los
70 años que han transcurrido hasta hoy han servido para alumbrar y
consolidar al que seguramente es el músico más influyente de Estados Unidos.
Premio Pulitzer y Príncipe de Asturias de las Artes, Dylan es, al menos, el
genio que ha guiado buena parte del rumbo sonoro del autor esta ruta
norteamericana en sus años de existencia. Un faro que ha arrojado luz en la
oscuridad, unos acordes que han servido de trampolín sentimental y una lírica
que ha inspirado algunos de los sueños más fugaces e inmortales en el
inevitable tránsito de los años.
Ando
lejos de ser un experto dylanita, ese adjetivo no escrito propio de un
universo de la vida y obra de Dylan que nunca parecer acabar y siempre sirve
para encontrar a alguien que sabe más datos biográficos que nadie o te descubre
diez piratas más en una colección inabarcable. Pero sí me sitúo en el lado de
los que una vez se fascinaron con la música de Dylan. Como Alicia en el
país de las maravillas, caí por el agujero en mitad del bosque y fui a parar a
un mundo de fantasía y matemática, en el que nada es lo que parece y todo tiene
un significado, locura y lógica en un mismo jardín mientras hay un constante
juego de palabras.
Me
fasciné una vez en plena adolescencia, y después han sido tantas, con tanta
sensación de magnitud y velocidad emocional, que han servido para considerar a
Bob Dylan el hombre que ha ido señalando con el dedo, para bien o para mal, el
camino a seguir. Situado en un olimpo particular, a pesar de sus errores,
altibajos y el fanatismo que rodea su obra en algunos círculos musicales y que
a veces roza el peligro público, Dylan es Dylan. El músico que nadie conoce y
todos estudian y observan. El músico que ya pasó por allí. Síguele el rastro.
Y, si das con él, confiésale que llevas toda la vida despertándote con
<>, enséñale la lista de los 2.500 conciertos suyos a los que has
asistido o dile simplemente que quemaste sus discos después de tocar para el Papa
y te afiliaste al sindicato del crimen por su culpa, y te dirá: “Astronauta”.
No es
nada nuevo: hay tantos Dylan como fieles y detractores. Un sinfín de unos y
otros. Sin importar el bando, aunque me asocio con los primeros por razones de
mantener mi paso, lo más fascinante en este músico que huyó de Hibbing, la
localidad donde creció, para ir a Nueva York y huyó de Nueva York, su Ítaca,
para refugiarse en Nashville, y así una detrás de otra, es su auténtica
estrategia de supervivencia. Es la supervivencia del poeta.
Y se
llama ambigüedad. En todos sus discos he encontrado motivos para amar la
música, en todas sus etapas he fabulado con novelas de aventuras y redención y
en todas sus entrevistas he dado con una persona que está muy por encima del
músico medio. Pero, casualidad o no, conocí a Dylan con Highway 61
Revisited y eso marca como saltar en paracaídas en mitad de una lluvia de
perseidas. Me hizo creer en la luna. En 1965, él, que había calzado una gorra y
creyó ser la nueva reencarnación del espíritu del folk rural que viajaba de
costa a costa de Estados Unidos a través de Woody Guthrie, Pete Seeger, Cisco
Hudson o Ramblin’ Jack Elliot, estaba reescribiendo las letras de la música
popular. Y a mí, décadas después, me volaba la cabeza. Eran
los riffs del órgano Hammond, esa guitarra eléctrica tocada a
contrapie, las panderetas y armónica locas y la voz esquiva de Dylan. Era el
bing-bang en mis oídos.
Todavía
hoy sigo descubriendo y redescubriendo a Dylan. Un amigo me dijo hace mucho
que, a medida que creces, Dylan te llega con más fuerza y se instala con
cimientos más fuertes. Es bueno saberlo para alguien que ha disfrutado mucho de
sus últimos discos (quitando ese navideño), aún no siendo tan trascendentales
como su etapa clásica. Y poco me importa el debate sobre su voz y su puesta en
escena. Hoy en día, es todo movimiento. A su edad y en época de vacas flacas,
muestra un propósito artístico digno de admiración.
Clarence Clemons, el adiós de un grande
Al poco
de publicarse Born to run, el disco que catapultó en 1975 al estrellato a
Bruce Springsteen, el prestigioso crítico musical Lester Bangs calificó su
sonido pletórico como "un recordatorio de lo que es amar al rock and roll como
si lo acabáramos de descubrir". Con los sesenta esfumados, la música disco
invadiendo las ondas y el punk a punto de poner todo patas arriba, Bangs quedó
prendado del aire eufórico de aquel rock romántico y esperanzador, que se
estiraba hasta el infinito, con pasión incombustible y fuerza titánica cuando
surgía el saxofón de Clarence Clemons. Su intenso viento, el de la E Street Band, era
la evocación mayúscula del espíritu delrock and roll que simbolizaba
Springsteen.
Clarence
Clemons murió el sábado a los 69 años en Florida, después de las complicaciones
derivadas de un derrame cerebral sufrido la semana pasada. El saxofonista fue
sometido a varias operaciones en el cerebro y la parte izquierda de su cuerpo
quedó paralizada. Los miembros del grupo ya habían sido avisados para que se
trasladasen a Florida.
Nada será
igual para Bruce Springsteen y los miembros que quedan de la E Street Band a partir
de ahora. Se ha ido Clarence, The Big Man, tal vez el saxofonista más
ilustre de una banda de rock sobre un escenario, el tipo alto y fornido de la
amplia sonrisa, de las bromas con el Boss. En aquella portada de Born to
run, en una fotografía en blanco y negro, Springsteen aparece con su
Fender Squire colgando, apoyado en la espalda de Clemons, que sujeta su saxo.
Era la estampa de la inocencia del rock, que evocaba aventuras y anhelos para
el viaje personal de cada oyente. La imagen perfecta para ilustrar sus solos de
saxo, que fueron algo más que un magnífico adorno musical en la E Street Band:
ensanchaban el alma y simbolizaban la esperanza.
Nacido en
Norfolk (Virginia), fue hijo de un ministro baptista que pensaba que el rock
and roll era cosa del diablo.
La música
góspel y el R&B de los cincuenta influyeron en él. The Coasters, Otis
Redding, Dion & The Beldmons fueron algunos de los artistas escuchados
por un joven Clemons, aunque, a la hora de dedicarse a lo que más le gustaba,
prestó atención al trabajo de saxofonistas como King Curtis o Junior Walker.
Por sus grandes dimensiones, muchos le aconsejaron en la Universidad que
se dedicara al fútbol americano, pero él siempre llevaba el saxo en el maletero
de su coche. Era su verdadera pasión.
Según la
leyenda, fomentada por él mismo y Springsteen, ambos se conocieron a principios
de los setenta una noche lluviosa y con viento en la que Clemons apareció entre
la niebla del paseo marítimo de Asbury Park, vestido con traje blanco y con su
saxo. Tanto Springsteen como Steve Van Zandt, guitarrista de la E Street Band,
pensaron que ese gran hombre iba a robarles. Pero Clemons solo quería tocar con
ellos. En realidad, Clemons conoció a Springsteen en una de las actuaciones que
el cantante tenía por aquellos años con la Bruce Springsteen Band.
Y pidió tocar con él. Amante del soul y el rock primigenio de los cincuenta, el
Boss vio la oportunidad ideal para ampliar su espectro sonoro.
A partir
de entonces, comenzó una relación mágica para ambos. Una extraordinaria
camaradería y simbiosis musical, también con su punto de desencuentro, cuando
el cantante decidió disolver la E Street Band a finales de los ochenta. El
saxo de Clemons podía dar un punto canalla y vitalista al espíritu callejero y
naif de Greetings from Asbury Park y The Wild, The Innocent
& The E Street Shuffle; podía agrandar la belleza y el dolor
en Born to run; cortaba como un cuchillo afilado en Darkness on
the edge of town o suponía un chorro refrescante, de
contagioso soul en composiciones genuinas de rock and roll
en The river.
En 1983,
inició su carrera en solitario, paralela a la pertenencia a la E Street Band, con
la publicación de Rescue. Esta carrera, en la que mostró su amor por
el soul y el funk aunque pasados por el tapiz algo insulso
de los ochenta, apenas tuvo repercusión y aportó nada interesante más allá
de Hero (1985). Desde entonces, solía tocar con su banda en garitos
de la costa este de EE UU. En Nueva Jersey, no era difícil encontrar
actuaciones de su grupo The Temple of Soul entre los descansos que le dejaban
las giras y grabaciones con la banda de la calle E.
Sus
colaboraciones más emblemáticas, por ofrecer lo mejor de su viento embriagador,
fueron sus aportaciones en los discos de Gary Us
Bonds,Dedication y On the line. Además, Martin Scorsese contó
con él para New York, New York y se le vio en Blues Brothers
2000. En la pequeña pantalla, apareció en Nash
bridges y The wire.
La última
actuación de Clemons con la
E Street Band fue en diciembre de 2010 en el Estado de
Nueva Jersey. The Big Man debía tocar el himno estadounidense antes del segundo
partido de la final de la NBA entre
Dallas Mavericks y Miami Heat hace dos semanas, pero tuvo que renunciar por una
lesión en la mano. Desde hacía años, sus achaques eran evidentes. Necesitaba
descansar en una silla en los conciertos y le costaba atinar con algunos solos.
El alma
de la E Street Band
ha quedado troceada, aún más que cuando se fue Danny Federici, teclista
original de la banda, fallecido en 2008. Nada será igual. La banda no tendrá
ningún sentido. Los solos de Clemons en canciones tan emblemáticas
como Rosalita, Jungleland, Born to run o The promised
land eran una seña de identidad. Para la gran mayoría, la seña de identidad
del mejor rock de Springsteen. Su aire esperanzador, tierno, cálido, intenso,
infinito, cercano. Era el saxofón de Clarence Clemons, recordando, como diría
Lester Bangs, lo que es amar el rock and roll.
Mano
derecha de Bruce Springsteen, Clemons fue una pieza clave en la música del
cantante de Nueva Jersey durante muchos años. Algunas de sus más celebradas y
arrebatadoras composiciones llevan el sello de Big Man: su magnífico saxo.
Además de un gran músico, Clarence Clemons era un icono. Viendo los siguientes
vídeos, te das cuenta de la pérdida irreparable para la E Street Band. Y la
transcendencia de ese saxo para hacer volar el espíritu. Estaba presente en las
mejores canciones, entraba en el momento justo para ser el impulso final.