Rock & World



Ray Sharpe, rockabilly negro fabuloso

Llamado el representante del “rockabilly negro”, Ray Sharpe es nuestro protagonista de hoy dentro del repaso que La Ruta Norteamericana lleva a cabo de las figuras indispensables de las reediciones del sello Hoodoo Records. Al rescate de compositores esenciales de los sonidos que configuraron el mejor R&B y rock’n’roll norteamericanos a mitad del siglo XX, Hoodoo presenta la obra de Sharpe en un disco que hará las delicias del oyente inquieto del mejor rockabilly, r,n,r, blues-rock y country-rock. 
Su nombre es Gonna Leti Go This Time, un álbum que recoge las canciones editadas por este músico fantástico en pequeños sellos durante los años comprendidos entre 1958 y 1960, en plena ola de los primeros rockers con Elvis Presley al frente. Sharpe, todavía vivo aunque relegado a un hombre de segunda fila que se mueve por los circuitos de Texas, radia buenas vibraciones en su música original, repleta de punch y raíces sabrosas. 
1538229Tras la escucha de sus 20 cortes,Gonna Let It Go This Time le muestra como una esponja que absorbe todo tipo de estilos genuinos para filtrarlos por su punto chulesco y humorístico, al más rollo Chuck Berry, una referencia de su obra y al que llega a parecerse en canciones como <>. 
Nacido en Texas, este afroamericano no deja de sonar atípico, más viniendo de la tierra del country. De hecho, su educación musical estuvo marcada por los poderosos sonidos vaqueros tejanos, aunque también supo apreciar el blues sureño que siempre latió en el Estado de la estrella solitaria. De esta forma, la guitarra del maestroAlbert King fue una guía en su vida, mientras que blues y country dieron forma a su perspectiva musical que luego se enriqueció en actitud y ritmo con el nacimiento del rock’n’roll, que le pilló en el instituto. A mediados de los cincuenta, se dedicó a la música, formando bandas, y con la vista puesta en lo que hacían Presley y Berry. Forjó su nombre tocando en clubes de Fort Worth hasta que empezó a grabar sus canciones y contó el apadrinamiento del productor y guitarrista Lee Hazlewood. 
Como si la mitad de su cuerpo perteneciese a Sun Records y la otra mitad a Chess Records, Sharpe es una extrañeza fabulosa que refleja un espíritu tejano y negro al mismo tiempo. Difícil de concebir pero estupendo de escuchar. Es un tipo que engrandece cualquier discoteca y cuyas canciones se atan al mejor legado musical de Estados Unidos, como <>, grabada posteriormente por The Rolling Stones,Tom Jones o Flying Burrito Brothers.

Andre Williams ,un rey del ritmo sin corona


Volvemos a tomar el contacto con los sonidos genuinos norteamericanos que tan laboriosamente se dedica a recuperar el sello Hoodoo Records. Como viene siendo habitual, La Ruta Norteamericana apuesta desde hace tiempo por las diversas y deliciosas reediciones de este sello por traer a nuestros días en formato compacto los elepés de artistas no muy conocidos pero esenciales para explicarse la evolución del rock’n’roll primigenio y R&B a partir de los cincuenta. Hoy, nuestro protagonista esAndre Williams, un peso pesado de escaso reconocimiento. 
Ciertamente, hay algo en este músico de Alabama que suena al másLittle Richard de su primeros años. Si uno escucha Is It True?, esa asociación es inmediata. Porque es algo primitivo y salvaje. A Williams ese sentido del ritmo, tan fiero, le sirvió para abrirse paso en los primeros cincuenta en la escena del R&B de Detroit y luego pasar a Chicago. Canciones tan apabullantes como (Georgia may is) movin’ o (Mmmmm... Andre Williams is) movin’ se ganó el apodo del Rey del Ritmo. No eran palabras vacías pues sus piezas contenían una fuerza portentosa en esa búsqueda sonora de raíz del rock’n’roll y soul. Sonaba a flor de piel.  
4436940Hoodoo Records recoge toda una serie de grabaciones realizadas para la compañía Fortune entre 1955 y 1960. Contemporáneo de Little Richard, Howlin’ Wolf, Bo Diddley o Muddy Waters, Williams cosechó éxitos locales con sus temas que, como las de sus compañeros, guardaban los brutales aromas del mejor ritmo negro. Incluso, a partir de canciones como Banco Fat, Pass the biscuits, please Jail Bait, que fue un éxito, fue un pionero en adentrarse en una especie de soul que tornaba hacia el funk, un funk y un rap primitivos, pero que, por su manera de frasear y sus golpes rítmicos, sirvió de referencia a futuras generaciones de artistas como Stevie Wonder, Parliament o Funkadelic.  
Pero en Williams había mucho más que un paso previo al funk o el rap. Había soul a raudales, rock’n’roll, R&B y doo-wop. En su estilo irreverente, en su sensualidad y su voz rasposa había una forma salvaje de entender el sur viajando al norte. Sonaba como si fuera las percusiones de África engrasadas con aceite y petróleo americanos. Todavía vivo, y activo desde hace décadas, Williams no ha perdido sus modos provocadores, acercándose al punk y al rock duro. Pero esta ruta se queda hoy con sus años de gloria en la era del rock’n’roll. Sencillamente, porque canciones como animan un viernes de diciembre que da gusto.




Louis Jordan, la exuberancia del R&B


Antes de la llegada de Elvis Presley, el rock’n’roll tuvo magníficos pioneros del R&B. Uno de esos padrinos del primer rock fue Louis Jordan, que marcó con su ritmo abundante en metales todo un cancionero exuberante. Este músico no es uno más para una discoteca, al contrario, es uno de esos imprescindibles, maravillosos emprendedores para el desarrollo de la empresa del rock.

Nuestro repaso por las reediciones del sello Hoodoo Records nos lleva a detenernos en el disco de Louis Jordan. Bajo el sugerente título Route 66, Hoodoo recopila sus mejores canciones entre 1956 y 1957. Son sus años en Mercury, sello asentado en Chicago, que vuelve a recuperar algunos de sus clásicos de finales de los cuarenta, con un toque más jazz, para pasarlos por la frescura del nuevo rock’n’roll.




En las grabaciones del disco se encuentra con su banda de acompañamiento más veterana losTympany Five, que eran un torrente de swing. Todos venían del jazz pero se aclimataron al R&B con tanta destreza y soltura que da gusto escuchar sus canciones infectadas de ritmo. Uno se pincha “Big bess”, con ese comienzo en palmas, para entrar el saxo, las teclas y esa aguda voz negra de Jordan y se inunda de rock. Rock primitivo y fabuloso.  
Fantástico intérprete, sobre un escenario era capaz de entretener a audiencias como nadie, Jordan se erige por sí solo como uno de los pilares esenciales del rock norteamericano, a pesar de que su obra no ha tenido apenas repercusión, ha quedado relegada a un segundo lugar. Experto en el saxofón, el músico también tenía muy buena habilidad para el piano y el clarinete. Participó en varias películas y fueron importantes sus duetos con Louis Armstrong, Ella Fitzgerald o Bing Crosby.
Del jazz más alocado al R&B para dar con rock’n’roll negro, prehistórico.Louis Jordan & The Tympany Five son parada obligada para los oídos que aman los sonidos raíces del rock estadounidense. Maravilloso viaje por las esencias a través del amigo Jordan, ese hombre que levantaba de la silla con una sonrisa espectacular. Lo siguiente a presenciar demuestra estar al mismo nivelazo del mejor rock'n'roll (por ritmo, letras, desenfreno...) que los clásicos.

La verdad perdida de Hank Williams
No soy muy amigo de los discos tributo. Son pocas las veces que consiguen levantarme de la silla. Suelen ser álbumes bienintencionados, hechos con cariño, pero luego el material que aportan es, en la mayoría de los casos, meramente anecdótico. Suele ser inferior a las pistas originales del artista a homenajear, sino es directamente delictivo. Por ejemplo, cada mes llega a mi buzón la revista Mojo con sus típicos discos tributo a los Beatles, Pink Floyd, Dylan, Jimi Hendrix... pero, más allá de la curiosidad, más de uno, y de dos, lo único que consiguen es encabronarme con quien homenajea pese a toda su buena voluntad. Por suerte, no siempre sucede así y reconozco que actualmente hay un disco tributo que espero con especial ganas este año. Es de The lost notebooks of Hank Williams, el álbum que el sello de Bob Dylan, Egyptian Records, ha sacado al mercado. 
Hank-Williams
En The lost notebooks of Hank Williams, participan 13 músicos, entre ellos, el mismo Bob Dylan, Jack White, Merle Haggard, Alan Jackson, Lucinda Williams, Norah Jones y Rodney Crowell. Este lujoso plantel de voces interpreta parte de letras inéditas que Hank Williams dejó a su muerte, en 1953, y que fueron encontradas en un maletín de cuero que le perteneció. No todas las canciones del disco son inéditas pero sí un buen puñado, mientras el resto son versiones de temas que Williams había grabado. El álbum, además, incluye todas las notas perdidas que dejó el músico de Alabama, así como también un repaso por su fugaz y nutrida carrera haciendo vanguardia en el country.
El órgano explosivo de Jimmy Smith
Jimmy Smith es uno de los músicos que centra estos días mis escuchas y lecturas. Su órgano explosivo acompaña mis tardes y noches. Sabía de él pero nunca había profundizado en su obra como hasta ahora, a diferencia de lo que había hecho con otros nombres destacados como Duke Ellington, Miles Davis o John Coltrane. Y Smith se encuentra entre los grandes.
Heredero de Fats Waller y Count Basie, Smith elevó el órgano eléctrico a la más alta categoría. Hizo del Hammond B-3 una banda en sí misma. Con su mezcla de blues, R&B y gospel, este organista de Filadelfia creó un sonido excitante, que te agarra y revuelve con sus resonancias clásicas y místicas. Siempre pisando los pedales, jugando con ellos. Porque su música orgánica va de los pies a los dedos de las manos. Escuchando su música en Blue Note o Verve, te arrimas a una de las partes gloriosas de la historia del jazz.
Pianista desde joven, bajo las enseñanzas de su padre, Smith abandonó el piano por el órgano Hammond B-3. Y en ese instrumento de madera y pedales halló su inigualable sonido. Solía decir: “Tenía mi sonido. El único sonido de órgano Jimmy Smith”. Aquel sonido venía de un instrumento con largo recorrido en la historia del jazz, pero que Smith recuperó como nadie en la segunda mitad del siglo XX y lo desarrolló con talento. Su órgano puede transportarte a otros planetas.

Un gigante llamado Ray Charles
Tan metido como ando en discos y lecturas de jazz, que apenas me dejan acercarme a este blog, ayer, por unas cosas y otras, salté de un álbum a otro y acabé afortunadamente recuperando a Ray Charles. Fue tanto el recreo con la música majestuosa de este hombre que hoy lo he vuelto a poner en el coche mientras venía camino de la redacción. Con el tímido sol de la mañana, menuda plenitud me ha conquistado entre semáforo y semáforo.
Me ha dado por pensar que nunca se ha valorado lo suficientemente bien al descomunal músico de Georgia en nuestro país. No es la primera vez que me invade este pensamiento. Creo que el personaje que representaba de pianista ciego y famoso eclipsó al artista para el gran público. Todo el mundo sabía quién era Ray Charles pero pocos se paraban realmente en su obra, en su grandiosa obra.
Era de noche y me encontraba en la redacción de Onda Madrid, poco antes de entrar en los informativos. Saltó el teletipo con la noticia de su muerte. Fui corriendo a decírselo al encargado del informativo por si lo quería incluir como última hora dentro de la pauta. Me miró con cara de pocos amigos. Eso trastocaba su guión a unos minutos de comenzar el programa. Pero me dijo: “Busca una canción y la ponemos al final del informativo, en una breve nota”. Y así fue. Tan breve como una frase tipo: “Muere el pianista de jazz Ray Charles a los 74 años de edad. Charles era ciego y uno de los músicos más famosos y queridos por el público. Triste noticia para el mundo de la música. Con una canción suya nos despedimos”.
Para mí, la triste noticia era ver la suma brevedad de la noticia mientras todos los días en el mismo espacio radiofónico se dedicaban muchos minutos a temas culturales que eran pura propaganda o tan insustanciales como que los niños de no sé qué colegio habían visitado la última exposición del Museo del Prado y daban sus ingeniosas impresiones al respecto. El problema fue que el eco de su fallecimiento, el reconocimiento de su obra en relación con la historia de la música popular, tampoco gozó de apenas espacio en otros medios generalistas. Y creo recordar que sucedió lo mismo en los medios especializados en música. En fin, sentí que nunca se le hizo justicia. Una cosa, por otra parte, corriente en España con tantos músicos y creadores que trascienden más allá de la simple nota de entretenimiento.
Cierto que el R&B vibrante de Charles acababa de ganarme para la eternidad. Estaba con la causa. Por aquel entonces, acababa de comprarme unos recopilatorios de esos típicos de gran almacén, baratos y sin una presentación cuidada. Casi todos eran sobre grandes clásicos del R&B y rock primigenio norteamericanos. Junto a Fats Domino, Little Richard o Buddy Holly, pillé el de Ray Charles. Por tanto, cuando el pianista negro falleció, su música me absorbía en mis nocturnas vueltas a casa. Si bien es cierto que su muerte en aquel informativo se quedó en lo que se quedó, también lo es que antes de irme a casa hablé con los responsables de un programa de cine de la emisora, que grababan su espacio para el fin de semana. Al enterarse de la noticia, decidieron cambiar el programa y dedicarle buena parte de su tiempo a hablar del músico. Aquel año se había estrenado la cinta Ray, una película complaciente con la vida del músico y protagonizada admirablemente bien por Jamie Foxx. La película estaba basada en su autobiografía, Brother Ray, que es buen texto de referencia para con una época de la música negra.
Para hablar de Ray Charles con justicia, habría que dedicarle todo un informe especial a su carrera. Su monumental trabajo en Atlantic Records o ABC-Paramount se encuentra entre lo mejor que ha dado la música negra en toda su historia. Porque Charles, con esa maravillosa voz de predicador, era una síntesis de todos los géneros. Por su obra fluía con talento y deleite el bebop, el blues, el boogie, las baladas, el country, el rock o el R&B. El jazz le debe el soul y el soul le debe el jazz. Los sonidos afroamericanos le deben muchísimo. Hace unos años, la revista musical Mojo publicaba una lista con los mejores discos de soul de la historia. En los dos primeros puestos estaban The Genius Of Ray Charles (1959) yRay Charles In Person (1960), tras ellos se encontraba el disco de James Brown And The Famous Flames, Live At The Apollo (1962). Esto de la listas siempre es polémico pero yo al menos sentí cierta sensación de justicia.  Todavía hoy creo que Ray Charles debería ser más reivindicado, mejor situado atendiendo simplemente a su obra y no a su fama de celebrity. Todavía hoy siento el vértigo de su música en mi estómago. Es la música de un gigante, que en una sencilla canción como <> guarda toda una zancada artística. 


Dee Clark, el R&B sentimental

Dee




Nuestro viaje al pasado más glorioso pero menos reconocido de la música norteamericana nos lleva hoy a detenernos en un especialista del R&B de vieja escuela. Sentimiento y pasión se conjugan en el sonido original deDee Clark, el hombre que tenía una voz de tenor pero moldeada conscientemente para el rock’n’roll.
Recuperamos a Clark dentro de la serie del gran sello Hoodoo Records, que rastrea el mejor pasado de la música tradicional estadounidense. En su reedición, con 16 páginas de información y buenas fotografías, Hoodoo rescata Dee Clark y How About That, que recopilan sencillos publicados entre 1956 y 1959.
Clark fue uno de esos grandes embajadores del R&B de los cincuenta y sesenta. Podía situarse al nivel de Little Richard o Clyde McPhatter, de The Drifters. Escuchando su flexibilidad estilística, gracias a una voz juguetona y hábil, Clark se presenta como un camaleón capaz de adaptarse a todos los estilos de raíces norteamericanos. Rock’n’roll, pop clásico, soul, jazz vocal, blues urbano… nuestro protagonista se muestra cómodo en todos, aunque es en los tonos dulces y relajados donde se antoja irrepetible.
Nacido en Arkansas en 1938, Clark se mudó con su familia a Chicago y es allí, en la ferviente metrópoli del jazz y el R&B, donde entró en contacto con los sonidos afroamericanos más pletóricos. En su caso, el sonido de soul urbano, esa deriva del R&B pero con su innegable influencia del góspel de las iglesias de barrio, le marcó en su carrera profesional. Ese toque tan instintivo y de raíz tan afroamericana hacen que canciones como Blues get off my shoulder, How about that, Seven nights o Lucky me, regalen grandes momentos al oyente.
R.E.M. se separa
La banda de rock estadounidense R.E.M. ha anunciado su separación después de 31 años de actividad. "Como amigos de toda la vida y co-conspiradores, hemos decidido llegar hasta aquí -'called it a day', es la expresión empleada por el grupo- como banda", ha señalado la mítica banda liderada por Michael Stipe en un comunicado colgado en su página web oficial. "Nos alejamos con un gran sentido de gratitud, de finalidad, y de asombro ante todo lo que hemos logrado. A cualquiera que alguna vez se sintió tocado por nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento por su atención".
En la nota de despedida, Stipe (voz) y sus dos compañeros, Mike Mills (bajo) y Peter Buck (guitarra), explican con sus propias palabras los motivos de la disolución. "Durante nuestra última gira, mientras grabábamos 'Collapse Into Now' y poníamos nuestros grandes éxitos en retrospectiva, comenzamos a preguntarnos: '¿Y ahora qué?'", confiesa Mills. "Trabajar a través de nuestra música y recuerdos de de más de tres décadas fue un infierno de viaje. Nos dimos cuenta de que estas canciones parecen dibujar una línea natural a lo largo de los últimos 31 años de nuestro trabajo conjunto".


Mills aprovecha para espantar cualquier rumor de falta de entendimiento entre el trío. "Siempre hemos sido una banda en el verdadero sentido de la palabra, hermanos que verdaderamente aman y se respetan unos a otros [...] Aquí no hay falta de armonía, ni peleas, ni abogados tomando posiciones. Hemos tomado esta decisión en conjunto, de manera amistosa y con los mejores intereses para cada uno en el corazón".
Por su parte, Buck destaca que "una de las cosas que siempre ha sido buena de formar parte de R.E.M. es el hecho de que las grabaciones y las canciones que escribimos significan tanto para los fans como para nosotros. [...] Ser parte de vuestras vidas ha sido un regalo increíble. Gracias". Y concluye: "Mike, Michael, Bill, Bertis y yo nos alejamos como grandes amigos".
Finalmente, Stipe comenta: "Un hombre sabio dijo una vez: 'La habilidad de asistir a una fiesta consiste en saber cuándo retirarse. Hemos construido algo extraordinario juntos...". "Espero", agrega el 'frontman', "que nuestros fans se den cuenta de que no fue una decisión fácil, pero todo debe terminar, y queríamos hacerlo bien, a nuestra manera".
En poco más de tres décadas como formación, R.E.M. ha publicado 15 álbumes, incluyendo títulos de referencia como 'Murmur', 'Reckoning', 'Out of Time' y 'Automatic for the People'. El último álbum de la banda,'Collapse Into Now', apareció en el mercado en marzo de este mismo año.
Había noticia de que durante el verano la banda había pasado algún tiempo en un estudio de Atenas, pero no está claro si de estas sesiones va a salir nuevo material.

Vivir en Caledonia (Van Morrison)



"La música de Van Morrison es una forma de percepción que ya no se estrella a ciegas con los significados y las definiciones, sino que cae en poder de los sentidos y va creciendo hasta que algo se vuelve completamente indescriptible". WIN WENDERS 
Dicen que cuando Van Morrison compone sus mejores obras es siempre pensando en Caledonia. El cuerpo en un sitio, la mente en otro mucho más lejos. Su música es el viaje a esa geografía espiritual intensa, reveladora, más allá de su adorada Irlanda. Rumbo a otro tiempo, a otro lugar.

Todavía aturdido, la otra tarde comprendí que estoy viviendo en Caledonia. Me tiré en el sofá y pinché Astral Weeks. Anochecía y, entonces, sentí la llamada mística. Rompí todo tipo de cadenas, humanas e imaginarias, mientras el vozarron de Van Morrison me impulsaba entre cadencias translúcidas hacia Caledonia, donde el dolor regenera el interior y la belleza amortigua la tristeza. La escucha de Astral Weeks, que siempre había sido un disco sobresaliente en mi discoteca, pasó a convertirse en un viaje astral por las profundidades del alma. Cómo sería de sobresaliente que dudé mucho en incluirlo entre los tres discos esenciales de mi discografía en la entrevista que Efe Eme me hizo recientemente dentro de su serie Fotopress . Me decanté por otros, pero Astral Weeks podía haber sido elegido sin problemas. De ser hoy la entrevista, lo pondría.
Caledonia fue el nombre que los antiguos romanos dieron a las tierras de Escocia que nunca llegaron a conquistar, más allá del muro de Adriano, al norte de Britania. Un lugar misterioso, sin cartografiar por los prefectos del Imperio. Con su cielo gris y su espeso verde, se presentaba como una tierra desconocida por la que planeaba un aura mitológica. Allí, donde el legionario no sabe qué camino seguir, todo podía suceder.
En la Caledonia de Van Morrison sucede que ese espíritu ancestral revolotea al ritmo de saxos, órganos, flautas, violines y guitarras. Las armonías llevan al nirvana. Porque es un viaje que te saca de tu cuerpo. Un cuerpo que tiembla solo de pensarlo. El león de Belfast aúlla desolado, luego susurra inquieto y siempre canta con todo el corazón. Llamalo jazz, llamalo soul, llamalo gospel, llamalo folk si quieres. Pero es indefinible. Hay quien lo llamó Caledonian soul music. Una manera como otra cualquiera de señalar lo que no se puede decir con palabras. La única verdad de este misterio está en dejarse llevar, adentrarse en ese lugar, en ese espacio. El cuerpo en el sofá, en tu casa, en Madrid, dónde sea. Y la mente, tu espíritu, todo lo que tú eres y aspiras a ser, en otra parte, y se llama Caledonia. Entre acordes y fraseos apasionados, vives en una bruma. No te reconoces pero sí reconoces tus anhelos.
Lejos de la burocracia, de los intereses y los desengaños, existe Caledonia. Van Morrison hizo su primera incursión a este espacio espiritual en 1968 con Astral Weeks, tal vez su gran obra maestra. Un viaje en el tiempo hacia la infancia, los recuerdos y los paisajes que nunca mueren. Un viaje que no quieres que se acabe. No puedo evitarlo: estoy viviendo en Caledonia. Tal vez estoy más distraído, apenas noto mis pies en el suelo, no quiero saber nada de tonterías ni banalidades, pero escucho un murmullo, como si el agua corriese por los surcos de mi alma. Es real. Puede que sea Van Morrison con su timbre sobrenatural. Y lo único cierto es que me tocó coger el camino de Avalon, escondido entre los páramos de Caledonia, y allí quiero ir siempre que me haga falta.




Al bueno de Jerry Lee siempre le hemos identificado mas con el infierno que con el cielo. Su caracter, problemas con drogas, alcohol, la boda con su prima menor de edad, problemas con las armas.. en fin ya conoceis todos su historia. Pero es que el cielo ya se lo habia ganado con recitales como este que han editado por fin en el 2011. Una grabacion de 1970 con un Jerry absolutamente magistral, con banda, cantando gospel, en plenas facultades. Bromeando entre tema y tema, declarando su amor por esta musica celestial. Una gozada. Al nivel del mejor Elvis cuando se ponia con el gospel. Quizas solo fata un coro gospel que le acompañe, pero el esta increible. De verdad, una gozada.
A finales de Septiembre se lanza este disco en conjunto de Joe Bonamassa y Beth Hart. 
Es un disco donde versionaran clasicos del Soul. Beth tiene una voz increible, os recomiendo fervientemente su disco "Leave the Lights on", y de Joe ya sabeis que es un fantastico guitarrista. Asi que no se presenta nada mal, el tema , habra que estar muy atentos. 
Os dejo un adelanto del disco y el listado de temas.
Don't Explain

01 Sinner's Prayer
02 Chocolate Jesus
03 Your Heart Is As Black As Night
04 For My Friends
05 Don't Explain
06 I'd Rather Go Blind
07 Something's Got A Hold On Me
08 I'll Take Care Of You
09 Well, Well
10 Ain't No Way 
George Soule
George Soule es uno mas de los contemporaneos de Dan Penn , Spooner Oldham o Eddie Hinton. Que trabajo en los Muscle Shoals en su primera epoca, contribuyendo a una epoca dorada del soul irrepetible. De aspecto aniñado,con una imagen muy alejada de los soul stars, pero con un sentimiento increible en su forma de cantar. Tiene otro disco muy recomendable del 2006 "Take a Ride". Lo increible de este disco es que son grabaciones de los años 70 en los miticos estudios. Nunca tuvo la fama, pero sus composiciones fueron grabadas por los mas grandes. Fuera los prejuicios,dejaros llevar por este pequeño gran hombre, todo un soulman brother.
Nina Simone, musa y genio 

 Siete años después de su muerte, Nina Simone todavía brilla con luz propia como una artista irrepetible que demostró que la genialidad era su único género. No es de extrañar, por tanto, que un músico del poder interpretativo como Antony no se canse de decir que esta artista ha sido su mayor influencia.
Desde hace unas semanas, está en las tiendas To Be Free: The Nina Simone story(Sony-BMG). Y es una gran noticia. Se trata de la última antología de la musa, que reúne en 51 cortes lo mejor de su cancionero desde que debutó en 1957 hasta su último trabajo en 1993, mezcla grandes clásicos (<>, <>, <>) con material nuevo descubierto en los archivos de RCA y Colpix.
De esto último, se encuentra una versión en vivo del tema de Leonard Cohen, <>, y otra del de Richie Havens, <>, ambas pistas bajo una hipnótica percusión. También hay una grabación inédita, Tanywey, perteneciente a las sesiones de Here Comes The Sun, y una toma alternativa y maravillosa en su ritmo soul desenfadado de <>. Además esta edición está muy cuidada con fotografías familiares y comentarios de su biógrafo, David Nathan.
Para este escribiente, Nina Simone representa el arte en estado puro. Más de una lágrima se me ha escapado cuando esta mujer abre su alma al resto del mundo con su música. Simone siempre hablaba de arte, nunca de entretenimiento.
 
Gregg Allman
Ahora que ando liado con el fantastico Low Country Blues - uno de los mejores discos del año desde ya, no solo por lo que se oye, sino tambien por lo que se siente - he recuperado el fantastico Searchin for Simplicity, donde tambien hacia un repaso a temas blues ( de Allman, Dan Penn, John Hiatt, o clasicos varios ). A pesar de ser un disco hijo de su epoca, la produccion aguanta bastante bien y se disfruta enormemente. Sobre todo este temazo que es Dark End of the Street, donde Gregg se deja el alma cantando como un Soul Man.
John Legend & The Roots
Para mi el disco de John Legend &The Roots - Wake Up -fue de lo mejor del año pasado, aunque fuera un disco ideado para la campaña de Barak Obama y ya tuviera unos añitos, y aunque repasara temas ilustres de la musica soul, lo hacia desde un punto de vista más moderno y vital. La instrumentacion era soberbia, y Legend cantaba como nunca ( de hecho no me gustan sus discos en solitario ). Y ahora nos llega este Live from Soho, solo puedo decir que me gusta incluso mas que el disco, los temas son mas crudos y directos, alargados pero no se hacen nada pesados. ( solo me sigue sobrando el rapeo sobre algunos temas que hacen los The Roots ).
Celebrando los 70 años de Bob Dylan
El 24 de mayo de 1941 nació en Duluth, Minnesota, Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan. Desde entonces, los 70 años que han transcurrido hasta hoy han servido para alumbrar y consolidar al que seguramente es el músico más influyente de Estados Unidos. Premio Pulitzer y Príncipe de Asturias de las Artes, Dylan es, al menos, el genio que ha guiado buena parte del rumbo sonoro del autor esta ruta norteamericana en sus años de existencia. Un faro que ha arrojado luz en la oscuridad, unos acordes que han servido de trampolín sentimental y una lírica que ha inspirado algunos de los sueños más fugaces e inmortales en el inevitable tránsito de los años.

Ando lejos de ser un experto dylanita, ese adjetivo no escrito propio de un universo de la vida y obra de Dylan que nunca parecer acabar y siempre sirve para encontrar a alguien que sabe más datos biográficos que nadie o te descubre diez piratas más en una colección inabarcable. Pero sí me sitúo en el lado de los que una vez se fascinaron con la música de Dylan. Como Alicia en el país de las maravillas, caí por el agujero en mitad del bosque y fui a parar a un mundo de fantasía y matemática, en el que nada es lo que parece y todo tiene un significado, locura y lógica en un mismo jardín mientras hay un constante juego de palabras.
Me fasciné una vez en plena adolescencia, y después han sido tantas, con tanta sensación de magnitud y velocidad emocional, que han servido para considerar a Bob Dylan el hombre que ha ido señalando con el dedo, para bien o para mal, el camino a seguir. Situado en un olimpo particular, a pesar de sus errores, altibajos y el fanatismo que rodea su obra en algunos círculos musicales y que a veces roza el peligro público, Dylan es Dylan. El músico que nadie conoce y todos estudian y observan. El músico que ya pasó por allí. Síguele el rastro. Y, si das con él, confiésale que llevas toda la vida despertándote con <>, enséñale la lista de los 2.500 conciertos suyos a los que has asistido o dile simplemente que quemaste sus discos después de tocar para el Papa y te afiliaste al sindicato del crimen por su culpa, y te dirá: “Astronauta”.
No es nada nuevo: hay tantos Dylan como fieles y detractores. Un sinfín de unos y otros. Sin importar el bando, aunque me asocio con los primeros por razones de mantener mi paso, lo más fascinante en este músico que huyó de Hibbing, la localidad donde creció, para ir a Nueva York y huyó de Nueva York, su Ítaca, para refugiarse en Nashville, y así una detrás de otra, es su auténtica estrategia de supervivencia. Es la supervivencia del poeta.

Y se llama ambigüedad.  En todos sus discos he encontrado motivos para amar la música, en todas sus etapas he fabulado con novelas de aventuras y redención y en todas sus entrevistas he dado con una persona que está muy por encima del músico medio. Pero, casualidad o no, conocí a Dylan con Highway 61 Revisited y eso marca como saltar en paracaídas en mitad de una lluvia de perseidas. Me hizo creer en la luna. En 1965, él, que había calzado una gorra y creyó ser la nueva reencarnación del espíritu del folk rural que viajaba de costa a costa de Estados Unidos a través de Woody Guthrie, Pete Seeger, Cisco Hudson o Ramblin’ Jack Elliot, estaba reescribiendo las letras de la música popular. Y a mí, décadas después, me volaba la cabeza. Eran los riffs del órgano Hammond, esa guitarra eléctrica tocada a contrapie, las panderetas y armónica locas y la voz esquiva de Dylan. Era el bing-bang en mis oídos.
Todavía hoy sigo descubriendo y redescubriendo a Dylan. Un amigo me dijo hace mucho que, a medida que creces, Dylan te llega con más fuerza y se instala con cimientos más fuertes. Es bueno saberlo para alguien que ha disfrutado mucho de sus últimos discos (quitando ese navideño), aún no siendo tan trascendentales como su etapa clásica. Y poco me importa el debate sobre su voz y su puesta en escena. Hoy en día, es todo movimiento. A su edad y en época de vacas flacas, muestra un propósito artístico digno de admiración.
Clarence Clemons, el adiós de un grande
Al poco de publicarse Born to run, el disco que catapultó en 1975 al estrellato a Bruce Springsteen, el prestigioso crítico musical Lester Bangs calificó su sonido pletórico como "un recordatorio de lo que es amar al rock and roll como si lo acabáramos de descubrir". Con los sesenta esfumados, la música disco invadiendo las ondas y el punk a punto de poner todo patas arriba, Bangs quedó prendado del aire eufórico de aquel rock romántico y esperanzador, que se estiraba hasta el infinito, con pasión incombustible y fuerza titánica cuando surgía el saxofón de Clarence Clemons. Su intenso viento, el de la E Street Band, era la evocación mayúscula del espíritu delrock and roll que simbolizaba Springsteen.
Clarence Clemons murió el sábado a los 69 años en Florida, después de las complicaciones derivadas de un derrame cerebral sufrido la semana pasada. El saxofonista fue sometido a varias operaciones en el cerebro y la parte izquierda de su cuerpo quedó paralizada. Los miembros del grupo ya habían sido avisados para que se trasladasen a Florida.
Nada será igual para Bruce Springsteen y los miembros que quedan de la E Street Band a partir de ahora. Se ha ido Clarence, The Big Man, tal vez el saxofonista más ilustre de una banda de rock sobre un escenario, el tipo alto y fornido de la amplia sonrisa, de las bromas con el Boss. En aquella portada de Born to run, en una fotografía en blanco y negro, Springsteen aparece con su Fender Squire colgando, apoyado en la espalda de Clemons, que sujeta su saxo. Era la estampa de la inocencia del rock, que evocaba aventuras y anhelos para el viaje personal de cada oyente. La imagen perfecta para ilustrar sus solos de saxo, que fueron algo más que un magnífico adorno musical en la E Street Band: ensanchaban el alma y simbolizaban la esperanza.
Nacido en Norfolk (Virginia), fue hijo de un ministro baptista que pensaba que el rock and roll era cosa del diablo.
La música góspel y el R&B de los cincuenta influyeron en él. The Coasters, Otis Redding, Dion & The Beldmons fueron algunos de los artistas escuchados por un joven Clemons, aunque, a la hora de dedicarse a lo que más le gustaba, prestó atención al trabajo de saxofonistas como King Curtis o Junior Walker. Por sus grandes dimensiones, muchos le aconsejaron en la Universidad que se dedicara al fútbol americano, pero él siempre llevaba el saxo en el maletero de su coche. Era su verdadera pasión.
Según la leyenda, fomentada por él mismo y Springsteen, ambos se conocieron a principios de los setenta una noche lluviosa y con viento en la que Clemons apareció entre la niebla del paseo marítimo de Asbury Park, vestido con traje blanco y con su saxo. Tanto Springsteen como Steve Van Zandt, guitarrista de la E Street Band, pensaron que ese gran hombre iba a robarles. Pero Clemons solo quería tocar con ellos. En realidad, Clemons conoció a Springsteen en una de las actuaciones que el cantante tenía por aquellos años con la Bruce Springsteen Band. Y pidió tocar con él. Amante del soul y el rock primigenio de los cincuenta, el Boss vio la oportunidad ideal para ampliar su espectro sonoro.
A partir de entonces, comenzó una relación mágica para ambos. Una extraordinaria camaradería y simbiosis musical, también con su punto de desencuentro, cuando el cantante decidió disolver la E Street Band a finales de los ochenta. El saxo de Clemons podía dar un punto canalla y vitalista al espíritu callejero y naif de Greetings from Asbury Park y The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle; podía agrandar la belleza y el dolor en Born to run; cortaba como un cuchillo afilado en Darkness on the edge of town o suponía un chorro refrescante, de contagioso soul en composiciones genuinas de rock and roll en The river.
En 1983, inició su carrera en solitario, paralela a la pertenencia a la E Street Band, con la publicación de Rescue. Esta carrera, en la que mostró su amor por el soul y el funk aunque pasados por el tapiz algo insulso de los ochenta, apenas tuvo repercusión y aportó nada interesante más allá de Hero (1985). Desde entonces, solía tocar con su banda en garitos de la costa este de EE UU. En Nueva Jersey, no era difícil encontrar actuaciones de su grupo The Temple of Soul entre los descansos que le dejaban las giras y grabaciones con la banda de la calle E.
Sus colaboraciones más emblemáticas, por ofrecer lo mejor de su viento embriagador, fueron sus aportaciones en los discos de Gary Us Bonds,Dedication y On the line. Además, Martin Scorsese contó con él para New York, New York y se le vio en Blues Brothers 2000. En la pequeña pantalla, apareció en Nash bridges y The wire.
La última actuación de Clemons con la E Street Band fue en diciembre de 2010 en el Estado de Nueva Jersey. The Big Man debía tocar el himno estadounidense antes del segundo partido de la final de la NBA entre Dallas Mavericks y Miami Heat hace dos semanas, pero tuvo que renunciar por una lesión en la mano. Desde hacía años, sus achaques eran evidentes. Necesitaba descansar en una silla en los conciertos y le costaba atinar con algunos solos.
El alma de la E Street Band ha quedado troceada, aún más que cuando se fue Danny Federici, teclista original de la banda, fallecido en 2008. Nada será igual. La banda no tendrá ningún sentido. Los solos de Clemons en canciones tan emblemáticas como Rosalita, Jungleland, Born to run o The promised land eran una seña de identidad. Para la gran mayoría, la seña de identidad del mejor rock de Springsteen. Su aire esperanzador, tierno, cálido, intenso, infinito, cercano. Era el saxofón de Clarence Clemons, recordando, como diría Lester Bangs, lo que es amar el rock and roll. 
Mano derecha de Bruce Springsteen, Clemons fue una pieza clave en la música del cantante de Nueva Jersey durante muchos años. Algunas de sus más celebradas y arrebatadoras composiciones llevan el sello de Big Man: su magnífico saxo. Además de un gran músico, Clarence Clemons era un icono. Viendo los siguientes vídeos, te das cuenta de la pérdida irreparable para la E Street Band. Y la transcendencia de ese saxo para hacer volar el espíritu. Estaba presente en las mejores canciones, entraba en el momento justo para ser el impulso final.